Dictée (2026)
Color and sound
91’12’’
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A collective reading begins: different individuals read aloud excerpts from French foreigner law.

The document integrates the foreigner while simultaneously preserving them as the l’Autre. This exercise embodies the voice of the law through multiple voices, each authorized to pronounce it.
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(Excerpt)


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LA STASIS EL EXTRANJERO

La categoría política de la stasis en Grecia define a la guerra civil de la guerra con el enemigo exterior, con el extranjero, a la que denomina polemos. ¿Qué papel tiene ley de extranjería, la ley en estado puro, aquella que define lo que queda dentro y queda fuera, lo que queda en el lugar de la polemos o lo que se integra en el interior de la futura stasis? El sueño del fin de la guerra o del origen pacífico parece una ley de extranjería absoluta (un fin del pasado) que delimite un interior cuya lógica quede libre de la amenaza de la stasis, o ¿es la propia ley, cualquier ley la que contiene su germen?

Stasis es el nombre de la guerra hacia uno mismo, de la guerra hacia lo sin otro, o hacia el otro sumido y postergado interior. Polemos es el nombre de la guerra hacia el otro no sumido, hacia el otro no asumido o no sometido. Esto no quiere decir que durante la Stasis el principio de otredad no circule, no actúe, no determine el comportamiento de los cuerpos civiles. Lo hace de otro modo. La otredad debe ser reconstituida —aunque lo ha estado haciendo sin cesar—, de forma pura, tras una desmemoria previa que parecía haberla borrado. De forma pura porque la otredad en la Stasis solo parece tener el antecedente de una confrontación obliterada que se desconoce, de la que no se acaba de tener razón. En Polemos, el rostro del otro, del enemigo, del adversario, ya existe. En Stasis, es el rumor de una cara olvidada (de una herida olvidada) la que se debe redescubrir, la que se debe realimentar o esclarecer. Stasis siempre ahonda la forma del enigma.

¿Es la ley la sutura de este rostro? Se supone que cumplir la ley es entrar en su olvido. En la ley, Polemos parece ser suficiente para nombrar toda idea de guerra y Stasis queda relegada a las formas del murmullo.

Nicole Loraux cita una ley, que ahora nos puede parecer inocente a pesar de su secreta crueldad, que dio fin a la Stasis de Nacone (Sicilia), en el s.III. La ley que sutura la herida de la Stasis de Nacone y borra el rostro del antagonista interior, es una ley extraordinaria, porque parece carecer de normas, porque se ejecuta como suerte, porque cuando se aplica, aplica a la suerte, su hálito de fuerza translúcida, como principio. En la ley que dio fin a la Stasis de Nacone fue la crueldad del azar lo que se impuso a los cuerpos con el propósito de acabar con la memoria clara del rostro enemigo.

La aplicación severa del azar se desarrolla en una doble acción que primero destruye y después reúne a los cuerpos enfrentados. Primero, los extrae de la Stasis. Después los reúne en nuevas familias múltiples. Es el puro vacío de la ley —que recibe el nombre de azar— el que se aplica en ambos estados o pasos. El azar divide y el azar combina. Su vacío es el que los separa en grupos aleatorios, y su vacío es el que los reúne en nuevas familias quíntuples, cuya única ley de pertenencia es negativa: no tener ninguna relación de parentesco anterior. Se convierte en adelphoí (hermanos) a los miembros de cada grupo. Se los confina a una hermandad pura que ha definido la transparencia de la ley en tanto que ley. A partir de este instante, la nueva ley responderá con el silencio, con el silencio de los dados —que parecen girar en torno al punto inasible del origen—, a las preguntas sin respuesta que cada uno de estos cuerpos pudiera proferir, y en las que se corre el peligro de reencontrar el rostro que necesita Stasis para reiniciar la guerra intestina. La hipótesis de Nacone es que el silencio con que la nueva ley da respuesta ha borrado de sí misma este rostro. ¿Quién soy? ¿Quién es este otro junto a mi que es mi hermano? ¿Quiénes son los otros que no son mis hermanos y que conforman con otros no-hermanos a Nacone?

Esta es la fórmula propuesta por Nacone para acabar con el rostro perdido de la herida, para desarraigar los fundamentos de esa extraña guerra que no tiene enemigo antes de ser declarada, cuyo enemigo debe ser re-encontrado allí donde parece no haberlo. Los ciudadanos de Nacone imaginan que el silencio del azar es la ley suficiente que responde a estas preguntas. Y con ello señalan que cualquier razón que no sea la sinrazón del azar contiene al rostro perdido que aplaza y a la vez conserva la llegada de la Stasis.

No es única la ley de Nacone en someter a los cuerpos al ejercicio de la suerte en estado puro, no es única en proponer la imposición de su vacío: Marivaux impone la ley del azar puro —del jardín sin memoria— a sus personajes; proyecta la visión de un diálogo cuando no existen aún palabras, cuando todas deben necesariamente nacer del silencio de la idea del primer jardín o de la primera isla. La clausura de la Stasis en Nacone podría haber sido la clausura donde sueñan, discuten y se precipitan sus personajes. Sade nos muestra a los ojos, en una especie de torsión imposible, cómo su palacio, cómo su castillo, cómo su sala, son el producto de la aplicación pura de la transparencia; cómo son el primer y verdadero palacio, el primer y verdadero castillo, la primera y verdadera sala, y la que sucede a todo palacio, a todo castillo y a toda sala, donde reside el vacío de la ley en estado puro, la ley perfecta, la de los cuerpos experimentales, donde solo corre sinuosa y repetitivamente un hilo de la crueldad desnuda —el hilo que va del origen al fin—. La desnudez y la memoria, la El propio Platón desarrolla una forma de desnudez por la que la República se sostiene sobre la luz del fin del pasado que en último término es la fuente incesante de la guerra intestina, no es ni siquiera pensable, porque la memoria ha quedado colmada, sustituida, por el silencio translúcido de la anamnesis.

Son, todos estos casos, proyecciones y soluciones del ejercicio de lo transparente puro, del azar puro, sobre los cuerpos.

La ley de Nacone —y las de Marivaux, Platón o Sade— pueden ser interpretadas como leyes de extranjeridad absoluta. Por ellas, en el borde externo de su aplicación, todos los cuerpos son extraños, y en su borde interior, todos los cuerpos son integrantes de una polis sin memoria, donde la guerra o el terror son inconcebibles —porque pertenecen al olvido absoluto o son la ley misma—. Estos cuerpos resultan de su nuevo nacimiento, que produce la conjetura de una ley del vacío original. Tras nacer, en la nueva nación sin antecedentes, los cuerpos deben empezar a hablar con sus hermanos de azar —que nunca fueron hermanos antes—, deben volver a intercambiar signos que suponemos procedentes de una (des)memoria en las que el rostro del enemigo se ha borrado de lo más recóndito del lenguaje. El silencio del azar puro es la substancia de la filiación entre los cuerpos a los que atraviesa su código.

La ley de Nacone es una ley extraordinaria porque nada reside en su interior antes de su ejercicio. Establece un principio de igualdad pura, que el resto de leyes no llegan siquiera a concebir. Define una magnitud para el cero cronológico y político, por la que todos los participantes son, en un primer momento, extraños, se encuentran fuera de la ley. Y aplica su cero a todos los extraños, extrañándolos más, haciendo profunda y perfecta su desmemoria. Su aplicación supone que algo más íntimo que el pasado deba desaparecer; debe desaparecer el pasado que es todo lenguaje.

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Estas son las tesis propuestas:

1. El cumplimiento de la ley libera al cuerpo del extranjero de la iniquidad del Polemos, lo libera de ser el enemigo y a la vez lo integra en el interior de la Stasis, que es la forma velada de la Paz. La ley le procura un Polemos común y una Stasis latente en lo más secreto de la memoria, recorrida por el enemigo interior al que aún desconoce pero que será necesariamente uno de los que le rodean.

2. Se prefiguran algunas alternativas para la idea de una Polis sin Stasis:

a) La primera es descabellada o muestra la Stasis como orden político: es la de una polis en la que la Stasis es la ley, donde la normalización de la Stasis hace innecesario su nombre, porque ahora a la Stasis se le llama Polis.

b) La segunda es aquella que se propone abolir el murmullo insistente de la Stasis antes de que inicie su recorrido por la memoria (antes de que empiece a susurrar en el habla). El objetivo es instituir una memoria transparente, inasible, vacía de todo rastro. Lo hace pretendidamente al aplicar una ley sin historia porque se funda en su abolición. De este modo cree instituir un silencio sin murmullos. Es la ley pura de la transparencia, la ley de lo azaroso puro, la ley de la voz inaudible que determina la caída de los dados.
Nos gusta ver que en Platón todo es el esfuerzo por la síntesis de esta ley, todo es una ejercicio sobre la anatomía de la memoria, la de Sócrates —el enemigo interior de Atenas— y la de la verdad; todo es debatir este murmullo, hasta el logro de una memoria que no excede al recuerdo puro o idea. Nos gusta atribuir a una aplicación de la transparencia pura como ley, al azar como principio destructor de todo lo previo, la causa de los paraísos experimentales de Marivaux, que ocurren en un lugar sin pasado. ¿Tanta jovial transparencia no es ya una forma de lo cruel, como la más inocente de las sonrisas? Nos gusta entender que en Sade es la transparencia del ejercicio obligatorio de la más pura de las suertes, de la más pura de la libertades, la que observa a los cuerpos en sus recintos; transparencia paradójica que deroga el recuerdo y lejos de acabar con la Stasis, libera a la Stasis desnuda.

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Las utopías de Platón, Marivaux o Sade, tienen como variable secreta a la Stasis; la definición de un nuevo lugar implica resolver la posición o exclusión de la Stasis. La ley de ingreso en la Utopía convierte a todos los cuerpos en iguales, en igualmente extranjeros. Una vez dentro de ella, la Stasis debiera desaparecer, porque ha quedado fuera del mundo, entre los viejos signos, o porque ha recibido el nombre de Polis, el lugar de los signos.

La ley de extranjería no es sino el caso más elevado de la ley, más elevado que el orden de preceptos de los que la ley se dice emanar, más elevado y más recóndito que los casos que condena y las penas que estipula, porque es en la inscripción de su límite, allí donde la ley se crea como ley antes de su contenido, en última instancia secundario, en última instancia insignificante.

Ante ella está al Extranjero pasado y presente del Polemos. Dentro de ella está el Enemigo por venir de la Stasis. ¿Es la persecución del rumor de la Stasis la que multiplica al código, o es en el rumor del avance del código donde se enreda el futuro de la Stasis? La ley cree que a su enunciado le seguirá el silencio.

albert corbí, 2026